Novembre 2002 nº 167
DESDE LA ATALAYA Radha Burnier
¿Tenemos
en la ciencia a nuestra mejor aliada?
En una
de las Cartas de los Maestros leemos que la ciencia moderna es nuestra mejor aliada.
Podría ser cierto a partir de dos perspectivas: o bien porque los
descubrimientos científicos empiezan a corresponderse con lo que se nos ha
enseñado en la Filosofía Esotérica; o porque el cultivo de la disposición
científica, que significa una actitud sin prejuicios, libre de conceptos
previos, resultará ser la mejor de las ayudas para descubrir las verdades de la
Sabiduría Antigua. No hay duda alguna de que el objetivo de la ciencia, que es
el de descubrir la Verdad, en vez de intentar avanzar en base a las creencias y
a la autoridad, es también el objetivo de todos los aspirantes al conocimiento
espiritual. Sin embargo, son muy pocos los que se plantean esta cuestión así.
Para ellos, cualquier afirmación que provenga de los científicos modernos y que
parezca confirmar ciertos ideales y enseñanzas teosóficos es motivo de
satisfacción. Pero, tal como señala el Dr. Edi Billimoria en algunos de sus
escritos, las enseñanzas de la Sabiduría Antigua sobresalen por sí mismas y no
necesitan la ratificación de ningún descubrimiento científico.
¿Acaso
los descubrimientos de la ciencia moderna han contribuido verdaderamente al
progreso de la humanidad? Indudablemente, en el mundo actual tenemos más
conocimientos y comodidades, pero también hay más sufrimiento y conflictos.
Hasta cierto punto, las ideas dan lugar a ciertos cambios en la conciencia
humana, pero si esas ideas permanecen al nivel de la mente inferior, el cambio
no es ni radical ni duradero. Sólo aquellas ideas que tienen como base un punto
de vista universal, o sea, que nacen de la mente superior, son verdaderamente
beneficiosas.
Algunos
“científicos de frontera” hablan ahora de la existencia de la conciencia como
un substrato de toda la existencia y como una solución para preguntas tan
molestas como el saber cómo se comunican entre sí las partículas subatómicas
incluso a una gran distancia. ¿Existe acaso, más allá de lo que consideramos el
mundo real, un enorme campo de energía y de luz en el cual todo existe
potencialmente? El efecto extraordinario del observador sobre lo observado, el
choque de una onda con una partícula sólo cuando la vemos pero no antes, todo
eso tal vez se pueda explicar con la existencia de un campo ilimitado que
subyace al mundo conocido. El mundo real, por ejemplo, es el campo donde, según
dicen, existen las causas de todas las formas de vida manifestadas, pero los
efectos se manifiestan a otro nivel menos sutil.
En un
libro reciente de un periodista, titulado El Campo, se habla de las
especulaciones de algunos “científicos de frontera” que son ignoradas por la
comunidad científica en general. Afirman allí íque este campo de energía,
mencionado antes, “es esencialmente un medio para poder registrarlo todo y que
proporciona los recursos necesarios para que todo se comunique con todo lo
demás”. Esto parece validar el concepto de los registros akásicos. Sin entrar
en detalles sobre los temas abarcados en este libro, podemos ver que se está a
la espera de una “próxima revolución científica precursora del final del
dualismo en todos los sentidos... que demuestre que la conciencia colectiva
superior está ahí afuera”.
La
pregunta crucial, tanto si estas ideas acaban siendo aprobadas y aceptadas por
la comunidad científica en general como si no, es la siguiente: ¿cuál es su
efecto en los seres humanos desde el punto de vista moral? Todas la religiones
han insistido en la necesidad de un fundamento ético para el conocimiento
espiritual. Uno de los Maestros escribió que la fraternidad universal es el
único fundamento seguro de la moralidad universal. El modo en que nos
comportamos, el tipo de relación que tenemos, no sólo con los seres humanos,
sino con todos los reinos de la Naturaleza, depende de si tenemos alguna
experiencia y una profunda convicción respecto a la unidad de la existencia que
se refleja en la práctica de la fraternidad universal.
La
conexión entre la rectitud, por un lado, y el conocimiento que es beneficioso,
por el otro, no ha sido vista todavía por los investigadores del campo
científico en general, ni siquiera por los más brillantes. Dicen que el
universo está compuesto por los mismos elementos en todas partes. También se
están dando cuenta ahora de que la estructura del DNA es la misma en todas las
formas orgánicas. La investigación del comportamiento y de la vida de los
animales, especialmente de los primates y animales superiores, demuestra que no
hay tanta diferencia entre ellos y los seres humanos como se creía. Cada nuevo
descubrimiento se considera como una prueba del ingenio humano y es motivo de
satisfacción. Pero también cabría preguntarnos aquí: ¿cuáles son las
implicaciones morales? ¿Podemos continuar tratando igual a otras criaturas,
capturándolas, torturándolas, manteniéndolas en jaulas toda la vida, etc. si
genéricamente, emocionalmente e incluso mentalmente son similares a nosotros?
La
regeneración espiritual es una necesidad imperiosa que tienen los seres
humanos. Mientras el progreso de la ciencia no contribuya a cambiar el
comportamiento humano y, por otra parte, estimule la competitividad, la
violencia y las actitudes materialistas, la ciencia no será una aliada de la
Filosofía Esotérica. Sólo cuando la ciencia moderna empiece a relacionar sus
descubrimientos con la vida como un todo, con la desgracia o con la felicidad
de los seres vivos, se la podrá considerar realmente como una aliada.
Entretanto, naturalmente, no podemos negar el valor que tiene la actitud
científica objetiva en la búsqueda de la Verdad. Seguiremos esperando que, como
resultado de los nuevos conocimientos, los tecnócratas no piensen solamente en
lo maravilloso que sería poder disponer de una inagotable fuente de energía
para mandar muchos más vehículos espaciales, o en desarrollar el turismo
espacial, o en cómo usar la “visión remota” para espiar a otras personas;
confiaremos en que tengan mayor interés en aplicar una visión humanista a los
dilemas sociales y morales de la sociedad moderna y en usar las perspectivas
ampliadoras de su investigación para producir una revolución psicológica y
moral. Entonces la ciencia y la Sabiduría Antigua se unirán para crear un nuevo
mundo.
Ignorancia
o Conocimiento
Cuando
los temas morales se ven arrinconados por los pensamientos fríos y las ideas
egoístas, no se ayuda a la humanidad a avanzar; de hecho se la perjudica. Por
ejemplo, tenemos informes fehacientes de que muchos niños y adolescentes en
todo el mundo tienen acceso a la pornografía por la televisión y por internet,
y los que ponen a su disposición todos estos programas tan nocivos no asumen
ninguna responsabilidad, porque los programas ya están clasificados “sólo para
adultos”. Pero los niños de hoy en día son mucho más hábiles en el uso de los
ordenadores que sus mayores y no tienen grandes dificultades par engañarles.
Cuando los padres no están en casa o cuando ya se han acostado, los jóvenes
saben cómo descodificar lo que supuestamente les impide entrar en esos
programas y pueden ver todo lo que les habían prohibido. El número cada vez
mayor de jóvenes que atacan a sus compañeros y los casos de violaciones en
bandas y otras formas de violencia indican que los jóvenes alimentados con sexo
y obscenidades ya no tienen ningún límite. Son ya incapaces de darse cuenta de
que el aspecto moral de sus acciones es importante. Cuando ven escenas de
violencia y sexo en la pantalla, intentan copiarlas de la misma manera que
hacemos nosotros cuando probamos en la cocina una receta que hemos visto en la
televisión. Las ideas que les han metido en la cabeza bloquean los sentimientos
normales y el sentido de los valores.
J.
Krishnamurti suele insistir en la futilidad del conocimiento mental, que es una
forma de ignorancia, si no va acompañada de lo que denominaríamos “visión
interna” o de una percepción que no esté condicionada y que sea libre. Ser
conscientes de lo sagrado de las relaciones con todos los demás seres vivos es
el fundamento de la verdadera percepción. Sin ello, el conocimiento es trivial,
en el mejor de los casos, y perjudicial, en el peor. Suponiendo que, tal como
se había dicho, un Maestro espiritual de índole superior se sirvió de
Krishnamurti para transmitir un mensaje importante a todo el mundo, podemos
deducir que esa advertencia que nos dio sobre el conocimiento se debía a la
previsión de los futuros problemas con los que se encontraría una sociedad
humana tecnológicamente rica pero moralmente pobre. Incluso en los primeros
días de la Sociedad Teosófica, los Maestros se negaron a seguir transmitiendo
el conocimiento oculto, diciendo que lo que ellos deseaban era un Fraternidad
de la Humanidad regeneradora y práctica. Le dijeron a Sinnett:
Siempre
habéis hablado de descartar la idea de una fraternidad universal, habéis
cuestionado su utilidad y habéis aconsejado remodelar la ST sobre el principio
de una facultad para el estudio especial del ocultismo. Pero esto...nunca
servirá de nada.
Es
fácil olvidar estas palabras, porque son difíciles de llevar a la práctica. Nos
conviene mucho más creer que poseemos el conocimiento correcto, porque
identificamos el conocimiento con el aprendizaje conceptual obtenido de los
libros, especialmente de lo que se llama la Teosofía “original”, derivada de
fuentes particulares. Existe el riesgo, en este planteamiento, de acabar
estableciendo una autoridad, incluso de proclamar un último profeta. El
sectarismo es el resultado de estas creencias. Pero la última palabra sobre la
Teosofía nunca puede ser pronunciada por nadie, ni siquiera por grandes
maestros.
La
Teosofía es una sabiduría-tradición viva y continuada y es la herencia de todo
aquél que ponga su pie seriamente en el Camino, purificando su mente y su
corazón y cumpla con las condiciones necesarias. Está a disposición de todos
los que trabajan mucho para llegar a ser puros y altruistas, tanto si esas
personas saben exactamente lo que dicen algunos libros como si no. La sabiduría
viva no puede acabar con una persona determinada y será enseñada y aprendida
por muchas personas en cada época. La prueba que demuestra si una persona está
iluminada, aunque sea en parte, consiste en ver si esa persona es más compasiva
y humilde y menos agresiva; si es más amable, tolerante y fraterna y menos
dogmática.
La
Teosofía es lo que los sabios de los Upanishads llamaban para vidya
(conocimiento superior), un conocimiento que conlleva una transformación en la
dirección del amor puro y de la fraternidad universal, que nace de la realización
de la Presencia sagrada en el corazón de toda la existencia. Esta percepción
regeneradora es “constructiva de nuevas instituciones de una Fraternidad de la
Humanidad genuina y práctica donde todos colaborarán con la Naturaleza y
trabajarán en bien de la humanidad con y a través de los espíritus planetarios
superiores.”
La
función principal de la Sociedad Teosófica es la de ayudar a la conciencia
humana a regenerarse a través del amor universal, y no es importante si uno se
denomina buddhista, hindú o cristiano, estudiante de HPB, de Eckhart o de
Lao-tzu.
(The
Theosophist, septiembre 2002)