Octubre 2002  nº 166

 

DESDE LA ATALAYA  02

Radha Burnier

 

Demasiado inteligente

“La mente es el destructor de lo Real” cuando está aletargada y no perceptiva (tamasica); agitada o apasionada (rajasica) y también cuando es “demasiado inteligente”. Esto no significa, por supuesto, que la mente exista sin un propósito. Tiene sus propios usos cuando se utiliza en la esfera adecuada, y de la manera adecuada. Pero cuando domina la vida humana y reduce las otras facultades a un nivel subordinado o las suplanta, se crea un peligroso desequilibrio en la sociedad. En vez de actuar como uno de los instrumentos de atman, finge ser el Yo, el recipiente del conocimiento y del poder.

Viveka, o discernimiento espiritual, no es un atributo de la mente inteligente, sino de budhi, que brilla a través de la mente, pero no puede hacerlo cuando ésta levanta un muro resistente de orgullo y seguridad en su propia y última autoridad. Desgraciadamente, tenemos muchas pruebas de ello: viveka está ausente en muchos de los debates y discusiones en todo el mundo.

Desde un punto de vista superior, ahimsa, o el respeto por la vida, es un principio inviolable. La Mente Divina es la única que sabe cuándo cualquier existencia individual necesita las experiencias de la manifestación en un cuerpo físico y cuándo necesita dejar ese cuerpo para asimilar lo que esas experiencias han supuesto. La mente corriente, individualizada y no iluminada, es incapaz de tomar decisiones y llevar a cabo acciones correctas en estos temas. Y por esto se nos advierte: No matar. El no hacer daño es un deber supremo.

¿Qué pasa entonces con los crímenes en masa de seres humanos, de animales y otras criaturas vivas? Un extraño punto a debatir, —podría considerarse también como un dilema judicial—, es el de la diferencia que hay entre el genocidio y la guerra. Ambas acciones causan un sufrimiento inimaginable, aparte de poner fin a un gran número de vidas. ¿Cometieron los hutus un genocidio matando a los hombres tutsi, a sus mujeres y niños, como hicieron, o estaban defendiendo a su país contra los invasores, como han mantenido siempre? Los barridos de bombardeos y los actos de violencia similares contra grandes números de población civil ¿son acaso genocidios o bien una parte justificable de una guerra justa? Naturalmente, en una guerra, los dos bandos afirman tener la justicia de su parte y por esto ninguno de los dos se considera culpable del odio que conlleva el genocidio.

El asesinato de un político europeo cuyas opiniones sobre la cría de animales eran abominales para otras personas, la ejecución de un joven por un crimen cometido cuando era niño, la pretensión de los cazadores escoceses que protestan por la violación de los derechos humanos porque unas nuevas leyes del país prohíben matar a los animales salvajes, todas estas situaciones provocan encendidos debates e incluso violentos sentimientos, porque la luz de budhi se ve apartada por “el destructor de lo Real”, esa mente personal y condicionada.

Esta mente alcanza niveles extraordinarios de sofisticación y agudeza; y puede ser una inteligente defensora de cualquier opinión que convenga a su propio interés. Según ella, el mal está bien, las matanzas son justas, y pretende convertir la práctica de la crueldad en un derecho humano. Numerosos conflictos nacionales e internacionales, junto con una amplia variedad de actos inmorales, nacen en una mente demasiado inteligente para el bien de nadie. ¿Por qué, sino, en general la humanidad avanza sin tregua en su curso de auto-destrucción? Los conflictos continuados, el calentamiento global, las enfermedades creadas por el hombre, etc., están causando un caos peor que las catástrofes naturales.

 

La Luz de Buddhi

Buddhi, como la misma palabra indica, es la percepción clara, y significa estar “despierto”. Budh significa “despertar”. Buddhi es estar despierto a la indivisibilidad de la vida y por ello al valor que tiene cada forma viviente. En esta visión holística tenemos una perspectiva adecuada y una comprensión clara de las relaciones. Cada rayo de buddhi que penetra en la mente corriente la sensibiliza y contribuye a desarrollar la cualidad de viveka.

Las notas de Robert Bowen sobre las enseñanzas de HPB dicen: “Fundamentalmente existe UN SER... Siendo absoluto, no hay nada fuera de él. Es indivisible... Es esta idea la que tiene que mantenerse siempre en el fondo de la mente...” Este es el planteamiento de la conciencia Búdhica, y cuando ésta ilumina a la mente, aunque sea temporalmente, pueden tomarse decisiones beneficiosas. Entonces el asesinato no puede parecer como algo justificable cuando se le llama guerra. Bertrand Russell era famoso por sus escritos sobre este tema y Krishnamurti escribió:

Es un mundo enorme y cínico y el cinismo nunca puede tolerar el afecto, el cariño y el amor. Creo que hemos perdido esa cualidad, la cualidad de la compasión. No analicéis lo que es la compasión; puede analizarse muy fácilmente. Pero no podéis analizar el amor. El amor no está dentro de los límites del cerebro, porque el cerebro es el instrumento de la sensación y es el centro de toda acción y reacción, y nosotros intentamos encontrar la paz, el amor, dentro de esta zona limitada...

Lo que es importante, me parece a mí, es que cuando veis toda la estructura de la violencia y la brutalidad humanas, que se expresan finalmente en la guerra, si lo miráis en su totalidad, entonces en ese mismo acto de ver actuaréis de la forma correcta.

En otro lugar, escribió:

Hasta que no se experimente un cambio radical y destruyamos todas las nacionalidades, las ideologías, las divisiones religiosas y establezcamos una relación global, internamente, antes de organizar la externa, continuaremos con las guerras. Si perjudicáis a los demás, si matáis a los demás, tanto por la ira como en un crimen organizado que se llama guerra, vosotros, que sois el resto de la humanidad, os estáis destruyendo a vosotros mismos.

Toda verdadera enseñanza religiosa trata del afecto, del no hacer daño, y del amor hacia todas las criaturas vivas. El gobierno ideal es aquel que apoya a la religión en este sentido, promocionando las actividades y las empresas que promueven sentimientos y pensamientos amables y altruistas. La alianza entre los políticos y el clero es repudiable y nefasta porque sus objetivos son egoístas y sectarios. Pero los gobernantes justos y los “reyes filósofos” pueden aplicar programas políticos que contribuyan al desarrollo de la virtud y conduzcan al sendero de la buena voluntad y del amor universal.

 

El progreso y la profesión

En un número reciente de la revista Times, la sección de Negocios habla de la empresa de la jardinería en Gran Bretaña, la cual, según dicen, reporta ingresos de unos cinco billones de dólares al año. La Exposición anual de flores de la Royal Horticultural Society atrae a un gran número de entusiastas de la jardinería, desde el Príncipe Carlos a otros amantes de ese arte dentro del país y en el extranjero. El artículo dice que por segundo año consecutivo, diversas entidades sociales y administrativas de Europa acudieron a este acontecimiento de cuatro días y la televisión cubrió el evento varias horas cada día. Las revistas de jardinería, las secciones de horticultura de los suplementos semanales y los programas de televisión sobre jardines “realmente han fertilizado el mercado”.

Este negocio “floreciente” naturalmente emplea a miles de personas que se benefician no sólo con su trabajo sino porque se dedican diariamente a una profesión en la que se alimentan varias cualidades humanas. Cuidar de algo vivo con amor, protegerlo, asegurarse de que cuenta con el mejor medio para crecer y desarrollarse al máximo, todo eso estimula la parte positiva de los seres humanos. Tal vez formen parte del mundo de la empresa, pero es una buena empresa.

Hay otros negocios que son todo lo contrario. Tristemente, en la India, hay ahora una propuesta oficial para criar animales a escala intensiva y extensiva, para crear grandes mataderos y sacar provecho de la exportación de carne. Es indudable que con ello se crearía empleo para muchas personas, incluso jóvenes y hasta niños (hay niños que siguen trabajando en diversos mataderos). Sin embargo, la gente que se ocupa de este negocio acaba inmunizándose contra la brutalidad y derramamiento de sangre. Matar forma ya parte de su vida diaria; el sufrimiento y los gritos lastimeros de las criaturas vivas no pueden ya conmover su corazón.

El efecto que tienen sobre la conciencia humana las actividades diarias de nuestra profesión es enorme: cultivar flores es algo inspirador, mientras que trabajar en un matadero es degradante. Las rutinas militares también insensibilizan la mente de muchos hombres que planifican la guerra, inventan armas o toman parte físicamente en la destrucción. Se pueden hacer negocios en toda una serie de campos, pero tanto el gobierno como los individuos tendrán siempre abiertas las opciones correctas. La India, para poner un ejemplo, ya cuenta con una maravillosa tradición en la fabricación textil y artesana, y las mentes inteligentes podían convertir todo eso en un comercio floreciente en vez de estar pensando en degradar la antigua cultura espiritual de la gente fomentando el negocio de los mataderos. “Una vida recta” es algo suficientemente importante para el progreso humano como para que el Buddha lo incluyera en el sendero óctuple que lleva a la iluminación. La paz es la base de la cultura y del verdadero progreso.

 

(The Theosophist, agosto 2002.)