SOPHIA (JULIO - AGOSTO 2002) Nº: 163 - 164
DESDE LA ATALAYA Radha Burnier
Todas las personas seriamente interesadas en la vida espiritual saben que el conocimiento y la sabiduría no son lo mismo. El conocimiento puede existir sin tener ninguna relación con la vida diaria; un gran conocimiento de las escrituras, de las filosofías, de las enseñanzas ocultas y de otros temas no impide que las personas sean egoístas, tontas o que tengan miedos. En el Chandogya Upanishad (cap. 7) hay un famoso diálogo entre Narada y Sanat-kumara sobre este punto, que empieza cuando Narada afirma haber estudiado muchas cosas, incluyendo las escrituras, las artes y las ciencias, pero que, sin embargo, carece de lo esencial, de la sabiduría.
Los maestros espirituales, que han aparecido de vez en cuando para enseñar y guiar a la humanidad, han tratado de conducir al mundo hacia la sabiduría, y lo que ellos han enseñado, dentro de lo que se ha transmitido correctamente, constituye un cuerpo de conocimiento que no podemos descuidar como algo irrelevante para la búsqueda de la sabiduría. No todo el conocimiento está relacionado con esa búsqueda, pero la verdadera ciencia espiritual se puede comparar con el andamiaje que nos ayuda a construir un edificio, o con una barca que sirve para llegar a la otra orilla, desde donde empieza un largo viaje hacia la realización de la sabiduría.
A los Pies del Maestro dice: “Todo conocimiento es útil y un día tendréis todo el conocimiento, pero mientras tengáis solamente una parte, procurad que sea la parte más útil”. Esto resulta especialmente importante ahora, cuando el conocimiento y la información están inundando el mundo sin convertirlo en un lugar más feliz o más pacífico. La situación actual de violencia, de corrupción y de egoísmo demuestran que ni siquiera un extenso conocimiento es capaz de transformar la naturaleza humana, reduciendo el egoísmo y enseñando el amor y el afecto hacia los demás. Por el contrario, un exceso de conocimiento parece crear las condiciones favorables para una intensa soberbia, para la dureza del corazón y otros rasgos que deforman la naturaleza humana.
Ante esta situación, podemos tener la impresión de que la atención a las instrucciones y enseñanzas de los hombres iluminados y santos como el Buddha y Jesús es innecesaria. En su artículo titulado “¿Hay un camino hacia la Verdad?” (The Theosophist, Abril 2002), el Profesor Krishna está muy acertado cuando dice:
Leyendo todo lo que dijo el Buddha y lo que distintas personas dijeron que el Buddha había dicho, una persona se convierte en un académico o en un profesor de filosofía buddhista; pero el profesor no es el Buddha... El profesor puede incluso hablar y explicar algunos puntos mejor que el Buddha, pero su conciencia no es la conciencia de un Buddha. Si no hay una transformación de la conciencia, no hay sabiduría, sólo conocimiento... En el campo científico, el campo del conocimiento, donde una afirmación precisa es una verdad, podemos usarlo; por ejemplo, podemos utilizar la ley de la gravedad sin tener una percepción profunda del espacio, del tiempo, de la materia ni de la energía.
El profesor Krishna continúa explicando que en ese campo del conocimiento funcionan las fórmulas, que son expresiones de lo que ya existe realmente, pero en la búsqueda religiosa las fórmulas y las ideas no sirven de nada.
Valdría la pena examinar si esto es cierto o si el problema consiste en que estamos dispuestos a creernos las fórmulas que nos proporcionan los perspicaces científicos y después hacemos un uso práctico de ellas, pero si un Buddha hace una afirmación que es cierta y en la que refleja hechos de la vida que él mismo ha descubierto y experimentado en un estado de amor y sabiduría ilimitados y profundos, no nos lo creemos. Por ejemplo, la frase de Gautama el Buddha “el odio no cesa con el odio, cesa con el amor” es una fórmula que funciona, sino no nos la hubiera dado; un Buddha no puede usar una falsedad. Pero los millones de personas que conocen esta instrucción no se acaban de creer del todo que funcione y por eso son reacios a ponerla totalmente en práctica. Una aplicación superficial y ocasional no puede ser efectiva, igual que una fórmula científica tampoco podrá garantizar resultados si sólo se la aplica parcialmente.
Existen motivos por los que la gran mayoría de la humanidad no está convencida de frases pronunciadas por personas iluminadas espiritualmente, mientras que las fórmulas científicas son aceptadas inmediatamente y ciegamente por todos los escolares. Ante todo, el mundo está hechizado por los efectos inmediatamente “placenteros” de la aplicación del conocimiento científico y de otro tipo secular. Las satisfacciones que anhela la mente limitada y mundana, independientemente de si de ellas se deriva un beneficio duradero o no, son como las que proporcionan las drogas y substancias adictivas; la mente queda atrapada en el hábito y no puede observar ni pensar por sí misma.
Cuando la ciencia empezaba a abrirse paso como una forma importante de conocimiento, la gente no confió en ella inmediatamente, pero ahora sus méritos están ya demostrados; una situación parecida la tenemos en la validación de las instrucciones espirituales, y son muy pocos los que las ponen a prueba. El mundo no parece cambiar como resultado de lo que dicen los grandes maestros sobre el amor, la caridad y la generosidad, porque sus enseñanzas no se ponen en práctica y sin una práctica sincera no se pueden tener las pruebas de su validez. Igual que las fórmulas basadas en la ley de la gravedad podrían utilizarse de manera efectiva sin entender profundamente los conceptos del espacio, del tiempo, de la materia y de la energía, la simple fe en las palabras de los sabios, acompañada de una práctica constante y sincera en la vida diaria, puede usarse para cambiar al mundo. Tal vez la violencia y la ambición fueron menos intensas en algunas épocas y culturas anteriores porque la fe en las palabras de los sabios no estaba tan erosionada por ese conocimiento que conduce a la inmediata gratificación física.
En segundo lugar, la necesidad de adaptarnos a lo que hay mantiene a la mente en una rutina. Inconscientemente, la mayoría de la gente copia lo que hacen los demás y por esto la sociedad humana no cambia nunca. En esta época de escepticismo y de investigaciones que producen un enorme progreso tecnológico, prácticamente no se cuestionan los valores imperantes: el odio provoca odio; la venganza se considera justificable; y responder con amor al odio es algo de lo que la gente se burla por ser poco práctico o se considera un sueño utópico de idealistas excéntricos. Se requiere valor moral para pensar por uno mismo y actuar de forma independiente respecto a los problemas de relación y a las cuestiones éticas. Al carecer de ese valor, la mayoría de la humanidad no toman en serio la afirmación del Buddha. Como he señalado antes, la validez de este tipo de precepto sigue sin demostrarse y por eso no se acepta, aparentemente por falta de pruebas.
Un problema es que las escrituras y las tradiciones religiosas están llenas de contradicciones. Las verdaderas enseñanzas se pierden entre los cascotes de los añadidos, de las insensateces, de las corrupciones y las malas interpretaciones deliberadas que se han ido acumulando a lo largo de los siglos. ¿Cómo vamos a saber lo que dijo un gran Maestro espiritual en una época en la que no existían las facilidades de grabación que tenemos ahora? Mme Blavatsky nos da la respuesta: la religión en el verdadero sentido une a la gente y enseña el amor altruista. De aquí que sólo deberían seguirse las instrucciones que fomenten la amistad y no el odio, las que enseñen la armonía y no la separatividad o el egocentrismo. El mundo experimentará un cambio radical con sólo practicar estas cosas.
Además, sería simplemente de sentido común valorar el tema bajo la luz de la historia: el odio nunca se ha apagado con más odio. ¿No es esta una base suficiente para descartar viejos valores y tratar de vivir de una forma distinta, de una manera totalmente diferente, tal como han sugerido los Seres Sabios?
Aunque este planteamiento sería lógico, existe una enorme resistencia dentro de la psique humana en contra de cualquier cambio revolucionario, aunque ese cambio sea beneficioso. La mayoría de los seres humanos prefieren seguir miserablemente con un patrón fijo, con la soledad, con las decepciones, las mezquindades, etc., antes que efectuar un cambio total. Tenemos un buen ejemplo de esto con la historia que nos cuentan de las víctimas hambrientas y torturadas de los campos de concentración, que soñaban constantemente con su liberación por el ejército aliado, pero que, al ver las puertas abiertas quedaron tan trastornados que retrocedieron corriendo a protegerse en sus sucios barracones.
Considerando todo esto, los teósofos deberían ir delante y liberarse de las muletas del hábito, del conformismo y de la falta de fe en la bondad que constriñen la mente, y empezar inmediatamente y con interés a vivir de acuerdo con los conceptos éticos fundamentales que son la base de una comprensión más profunda. No deberíamos ni ignorar ni descartar las fórmulas que han salido, como perlas de sabiduría, de la boca de los Santos Seres.
Los pandas gigantes están entre las especies que corren más peligro de extinción del mundo, porque están destruyendo sus habitats. Quienes les conocen quedan encantados con ellos. La revista Span (Marzo-Abril, 2002) publica un artículo sobre los dos pandas que trajeron de China para el Smithsonian National Zoo de Washington DC, y mencionan las grandes multitudes que atraen esos animales. ¡Una niña visitante dijo tener 178 objetos panda en su casa! Leemos que los pandas son especialmente atractivos para los humanos porque tienen rasgos en cierto modo humanos: una cara plana, la capacidad de sentarse verticalmente, ojos grandes, y un cuerpo redondo y suave, con cierta tendencia a la torpeza.
Observando a los pandas y a otros animales, la gente se está dando cuenta ahora de que esos seres tienen sus propios sistemas de comunicación efectivos. La arrogancia del hombre le ha hecho creer que lo que llamamos criaturas inferiores son incapaces de tener un lenguaje, pero hay estudios recientes que parecen apuntar a una deficiencia de los humanos en vez de una deficiencia de los animales, es decir indican que tenemos una falta de disposición y una incapacidad para aprender las lenguas de los animales. Según algunos cuentos antiguos de la India, existieron una vez personas sensibles que superaron este bloqueo y podían conversar con todas las criaturas del aire, de la tierra y del agua.
En el artículo mencionado, citan a D.G. Kleiman, un especialista en el estudio de los pandas: “Su sistema de comunicación por sonidos está muy evolucionado. Pueden comunicarse muy bien”. Sin duda alguna, los humanos han elaborado unos procesos de pensamiento más sofisticados y por consiguiente un lenguaje más complejo, pero no está muy justificado que el hombre se considere un prodigio ni que imagine que la barrera entre los animales y los humanos es tan grande que los animales pueden ser tratados con desprecio o que pueden justificar la atroz crueldad que se practica en los laboratorios, en las granjas-fábrica y otros lugares.
El Australian Women’s Weekly ha publicado una entrevista (Noviembre 2001) con Koko, una gorila de 160 Kg. la primera que aprendió la lengua de los signos de los sordomudos. Koko no es ni sorda ni muda, pero sus cuerdas vocales, como las de otras especies no humanas, no están construidas para hablar nuestras lenguas. Y de esta manera, ha aprendido más de 1000 palabras en la lengua de los signos, y tiene un CI de 80, lo cual hace posible la comunicación con ella, y a través de ella se puede comprender mejor lo que piensan y sienten otros gorilas y primates “Koko domina tanto el lenguaje de los signos que si no sabe una palabra, se la inventa”. Por ejemplo, no conocía la palabra “anillo” y combinó los signos de “dedo” y “brazalete” para hablar de un anillo.
Durante la media hora que pasó con la autora del artículo, Koko mostró un gran interés por los pendientes de esta última, diciendo que eran muy bonitos, e hizo los signos apropiados para preguntar “¿caramelo, allí, bolsillo?” El día en que cumplió once años, cuando le preguntaron qué quería, escogió un gatito al que cuidó como una madre. Cuando el gatito la arañaba, Koko decía en signos “gatito araña, Koko amor”.
Genéticamente, se dice que hay mucho en común entre los gorilas y los humanos y un medio común de comunicación, en forma del lenguaje de los signos, haría que ese lazo se estrechara mucho, abriendo nuevas perspectivas en las relaciones con estos “primos”. Cuantos más animales se estudien, más pruebas se encontrarán de sus sentimientos, de sus pensamientos, del amor por la comida e incluso de su sentido del humor. Una vez un visitante le pidió a Koko que le mostrara algo alarmante y ella ¡le puso un espejo delante de su cara!
Un reciente artículo de periódico hablaba de una leona de Kenya que había adoptado un bebé oryx (una especie de antílope) en tres ocasiones sucesivas, aunque normalmente los leones cazan el oryx. En el zoo de Belgrado un pastor alemán está criando a dos tigrecillos junto con sus propios cachorros. Se han escrito cuentos en la India sobre animales salvajes que criaron a niños humanos perdidos en la jungla. Estas historias reales hacen más creíbles al Mowgli de Kipling y al cuento de Rómulo y Remo. Existen claramente unas emociones y unos rasgos de carácter en los animales que sugieren que la progresión de un reino a otro en el proceso evolutivo es algo continuo y suave, aunque haya rasgos en el reino superior que lo distinguen de los demás. Tristemente, los humanos imaginan que un abismo les separa de los animales, adquiriendo así un gran liderazgo y superioridad, y perdiendo con ello la satisfacción de pertenecer a una gran “familia”, con miembros de otros reinos, excepto cuando ocasionalmente se quedan subyugados por los dulces rasgos e inocencia de los pandas y otras criaturas.
A medida que los estudios actuales van presentando un conocimiento más preciso de nuestros hermanos más jóvenes de otros reinos, un pequeño pero creciente número de personas están haciendo sus campañas para hacer algunos cambios que conviertan al mundo moderno en un mundo un poco más civilizado. El parlamento escocés ha aprobado una Ley de Protección de Los Mamíferos Salvajes por 83 a 36. Los agravios a esta ley serán castigados con una multa de 5000 libras o seis meses en la cárcel. Escocia se ha puesto a la delantera demostrando que “no acepta una práctica anticuada y bárbara”, dice un activista anti caza. Por otra parte, los cazadores declaran que seguirán “luchando por su estilo de vida”.
Una prohibición de criar animales para su piel entrará en vigor a partir de principios del año 2003 en Gran Bretaña. Los millones de desgraciadas aves de las granjas tendrán un poco de descanso durante el curso de los próximos años. El parlamente europeo ha decidido acabar con las pruebas que hacen con animales en distintos productos en toda la Unión Europea. Cada año son unos 40.000 animales los que se usan y matan con este objetivo.
Tristemente, los países en vías de desarrollo se están quedando atrás y permiten crueldades que no se aceptarán en Europa ni en Gran Bretaña en el futuro. Los gigantes corporativistas se están aprovechando y llevan a cabo sus experimentos morbosos en los países pobres “en vías de desarrollo”, que parecen estar dispuestos a ser sobornados y abdicar de los antiguos valores que una vez les valieron un puesto honorable como civilizaciones avanzadas. La India está planeando aumentar la exportación de carne, criando y matando animales a una escala muchísimo mayor.
La civilización no existe sin la compasión y sin el espíritu de no dañar. En medio de una gran actividad “des-civilizadora”, cambios como los mencionados antes acrecientan las esperanzas que tenemos de que la mejor faceta de la naturaleza humana consiga la victoria contra la inferior.
(The Theosophist, mayo 2002.)