SOPHIA (OCTUBRE 2000) Nº 142
DESDE LA ATALAYA Radha Burnier
Símbolos y supersticiones
Los símbolos y los mitos han sido utilizados en todas las religiones desde épocas inmemoriales y constituyen un lenguaje universal. Son útiles hasta cierto punto para expresar verdades de naturaleza profunda, que dejan de ser verdades cuando se ponen en palabras. La Estrella de la Iniciación, por ejemplo, se refiere a un hecho transformador que tiene que ser experimentado y al que no se puede acceder mediante conceptos o palabras. El "corazón" se refiere a la conciencia espiritual, que también se tiene que experimentar. El símbolo no articula la verdad; señala el camino hacia ella. Las palabras también son símbolos que tienen significado solamente cuando se comunica su importancia subyacente.
Los símbolos ocultan y a la vez revelan la verdad. Recordando a los estudiantes perceptivos las verdades importantes, les ayudan a penetrar más profundamente hasta que la verdad descubre todo su contenido. Pero los símbolos también ocultan algún conocimiento (que no debería caer en manos de los indignos), porque sugieren pero no explican. Es algo paradójico el hecho de que los símbolos revelen mucho a quienes son capaces de ver y oculten mucho a los ojos de los impuros.
Cuando se olvida o no se entiende la naturaleza sugerente de los símbolos, y estos se concretizan, pueden convertirse en recetas de una forma de actuar supersticiosa y egoísta. En la simbología de muchas religiones, los dioses y los héroes matan a grandes animales: San Jorge mata un dragón que es una peligrosa bestia y la diosa Durga, a un terrible león. Shiva lleva la piel de un tigre en la cintura. Lejos de indicar una cacería, estas figuras simbolizan la necesidad de exterminar las pasiones animales de la mente.
Como los símbolos no conseguían sugerir la verdad, el sacrificio animal se convirtió en una parte de la creencia religiosa en distintos momentos. Algunos pasajes bíblicos hablan de sacrificios de carne, mientras que otros hablan de la censura que pronunciaron los Profetas contra ellos. Los sacrificios védicos implicaban la muerte de caballos, de cabras y de otras criaturas. Las fiestas islámicas se celebran sacrificando grandes números de animales. Los templos de la India, del Nepal y de otros países, donde la influencia buddhista no consiguió tener un profundo impacto, siguen llenándose de sangre.
En el número 1880 de The Theosophist, apareció una notita sobre el tema:
Tantras indica los principios y la práctica de varios sacrificios, el principal de los cuales son el macho cabrío y el búfalo. No es el pobre animal lo que vamos a matar delante de la diosa Durga o Kali, sino aquellas tendencias malvadas de la mente que se creen representadas por estos animales. El macho cabrío es considerado por los brahmanes como el animal que tiene la máxima tendencia a la concupiscencia y los búfalos están relacionados con la ira... Es de lamentar terriblemente que los sublimes principios de la filosofía tántrica y su significado adhyátmico o espiritual se hayan convertido en la mayor brutalidad por culpa de los estúpidos sacerdotes.
Cuando los símbolos son interpretados por una mente materialista, proliferan las supersticiones, la religión se hace profana y se utiliza para ceder a las pasiones del animal en el hombre. En lugar de ser una inspiración para hacer una cruzada contra todo cuanto es vil y malvado, la cruz ha encendido hogueras de intolerancia. La esvástica se adoptó con viles propósitos. Divinidades como Durga acaban haciendo verter la sangre.
Una mala interpretación de significativos mitos con significados ocultos ha dado también como resultado la trivialización de la religión. Pero las obras de HPB, G.R.S. Mead, Geoffrey Hodson, I.K. Taimni, y algunos otros escritores teosóficos fuera de la S.T., ponen en la palestra la posibilidad de conseguir valiosos vislumbres esotéricos a través del símbolo y del mito, en vez de reducirlos a la superstición y a la superficialidad.
Advertencias desoídas.
La historia demuestra que los seres humanos no aprenden si no se ven obligados a ello, e incluso entonces aprendemos lentamente y con esfuerzo. La mente tiene una fuerte tendencia a repetir los esquemas, ignorando las conexiones entre las causas y los efectos. Las guerras continúan, ocasionando desgracias sin fin, pero la mente no consigue liberarse de su rutina ni de su odio. La acción habitual, o sea irreflexiva, es la amenaza más grande y más constante para nuestro bienestar.
El primer volumen de The Theosophist publicaba, ya en 1879, un artículo sobre "La cuestión de los bosques de la India", por "Forester", que exponía una apasionada defensa de la conservación de los bosques, especialmente de las laderas de colinas y montañas. Hace más de un siglo, la devastación de los bosques estaba causando estragos, inundando las llanuras y erosionando el suelo necesario para la agricultura. "Forester" pertinentemente señalaba que "la restauración de la vegetación en nuestras colinas representaría una transformación mágica". Mencionaba que la "cuestión de los bosques" estaba atrayendo la atención mundial. Se habían recibido informaciones desde Europa, Rusia, el Brasil, los Estados Unidos, Cuba etc, que mostraban que la devastación de las tierras boscosas tenían un efecto climático grave y funesto. Las largas estaciones de sequías, los fuertes vientos que arrasaban las llanuras desprotegidas y que lo cubrían todo con nubes de polvo, y la erosión del terreno, afectaban seriamente el cultivo, dando como resultado repetidas hambrunas de proporciones trágicas.
Las zonas boscosas del mundo han disminuido alarmantemente desde 1879. Al daño aparentemente imparable causado por la tala y la cremación de los árboles madereros, con la consiguiente destrucción del subsuelo, se le añade ahora la amenaza que representa la contaminación y los agujeros de la capa de ozono. Enormes zonas y poblaciones están sufriendo de sequías en la India occidental, el Cuerno de Africa y en otras partes porque las condiciones climáticas se hacen inusuales y erráticas. Las voces solitarias de hoy, como la de "Forester" en el siglo pasado, están dando gritos de alarma que son ignorados sistemáticamente por los gobiernos y por la gente que están ambiciosos de tierras y de beneficios inmediatos. En el Brasil, en Indonesia, y en otros lugares, los bosques están desapareciendo a un ritmo sin precedentes. Mientras sigue esta violación sin control, la vida salvaje protegida por los bosques y la magnífica diversidad de vida que la Naturaleza ha producido en el curso de los milenios van disminuyendo rápidamente. Con aviso o sin él, la mente humana se dirige a la destrucción. La última prueba de esto es que aquel informe de los expertos en forestación sobre la devastación que realizan las compañías multinacionales de los bosques tropicales fue retenido durante tres años por la Comisión Europea y por el World Wide Fund for Nature. Después de diluir las críticas y de eliminar ciertos nombres, se ha publicado una tercera versión del informe. Sin embargo, The Guardian ha visto las tres versiones, así como los nombres de las empresas y de los individuos implicados en escándalos y chantajes (el número del 1-7 de junio).
Aparece ahora un mayor peligro con el mapa del genoma humano, un logro científico que se ha comparado con los de Newton y Darwin y con el invento de la rueda. Aunque las personas serias están expresando su gran desconfianza, ¿prevalecerá la prudencia o se tendrán en cuenta las advertencias? Algunas personas se regocijan ante los beneficios que se supone que estos descubrimientos van a proporcionar a la humanidad con su aplicación en campos como la medicina, la agricultura y el medio ambiente. Por otra parte, hay señales de peligros y consecuencias desconocidos; por ejemplo, se ha visto que las abejas quedan afectadas por las cosechas genéticamente modificadas. Hay todavía mucho más que aprender sobre los efectos imprevistos efectos que tiene la manipulación de los genes; pero es evidente el gran interés que hay por adjudicarse las patentes de los genes. Como señala un columnista de The Guardian:
Lo que se ha demostrado en estos últimos años es lo pernicioso que sería que el descubrimiento caiga en manos de corporaciones sin escrúpulos que quieren su máxima comercialización. Lo que pasa es que nuestra capacidad a nivel institucional y gubernamental para regular la explotación del descubrimiento científico parece ser tristemente inadecuado.
Cuando los gobiernos son incapaces de controlar la destrucción de los bosques o no quieren hacerlo, ¿cómo pueden asegurar la moralidad en el empleo de los nuevos conocimientos? Mientras los peligros con los que la humanidad se enfrenta ahora son enormemente mayores que antes, es mucho más difícil tomar decisiones y asegurarlas. Por ejemplo, ¿qué tipo de eugenesia es deseable y moral?
Una visión a largo plazo de los objetivos humanos, materiales y espirituales, es esencial. Las consideraciones actuales, y mucho menos la conveniencia, no deberían enmascarar el futuro bienestar de la vida en la tierra. El entusiasmo del momento va dirigido a cambiar el material básico, las formas y comportamiento de las plantas, animales e incluso de los seres humanos. Si las advertencias no se siguen y no se ejercita la precaución, ¿quien sabe lo que va a ocurrir?
(The Theosophist, agosto 2000)